Ruta desde Albi a Mirepoix.
Chateau de Mauriac, Gaillac, Toulouse, Foix y Mirepoix.
Noveno día viajero por el Midi, que significaba la despedida de Albi y la región de Tarm, con la intención de llegar al sur, en concreto al departamento de Ariege.
Comenzamos la mañana reponiendo fuerzas con un muy buen desayuno en compañía de Jean Marie y Marie France. Marie France preparó un pastel de manzana y Jean Marie una delicatessen de bolita de queso fresco de cabra con mermelada casera de tomate verde, hecha por el mismo. A lo que sumamos lo habitual, pasteles de chocolate, croaissants…. nos reíamos con ellos de lo contradictorio del término «Petite dejeuner».
221 km
Château de Mauriac. 22 km
Gaillac. 10 km
Toulouse. 57 km
Foix. 89 km
Mirepoix. 36 km
Domaine de Marlas. 10 km
CHÂTEAU DE MAURIAC
Lo primero que teníamos previsto visitar era la población de Gaillac, pero vimos que en el camino podíamos llegar hasta este castillo y siendo como somos casi fanáticos de estas fortalezas, nos pasamos antes por el mismo, de origen Templario.
Fue construido por un miembro de la orden en el siglo XIV. En el entorno natural del mismo, predominan viñedos pertenecientes a la denominación de origen de Vinos de Gaillac






En los años 60 fue comprado por un pintor, Bernard Bistes que lo recuperó de la ruina, habilitándolo como alojamiento de 5 habitaciones, restaurante, sala de exposiciones , etc. No pudimos visitarlo porque el horario de visita es de 15:00 a 18:00 horas.
GAILLAC
Pueblo situado en un meandro del río Tarm, a unos 50 kilómetros al noroeste de Toulouse. Famoso como ya he indicado, por ser la cabecera de la comarca que produce uno de los vinos más prestigiosos de Francia.
Tal y como ocurre en las ciudades mucho más grandes, de Albi y Toulouse las construcciones y edificios levantados en ladrillo rojo son las predominantes.







Y hay unos cuantos, como la Abadía de St- Michel del siglo X, la iglesia de St Pierre, la plaza de Griffoul, el castillo museo del siglo XVI y el conjunto del casco histórico con destacadas casas y residencias particulares.
Al volver al coche para emprender marcha camino de Toulouse, nos encontramos estacionado al lado de nuestro utilitario un mítico Plymouth americano.

TOULOUSE
Llegamos sobre las doce y media de la mañana a la ciudad de Toulouse, dedicando más de tres horas a recorrer esta bella y alegre ciudad del sur francés.
Se dice que es una ciudad que seduce al visitante tanto en lo arquitectónico con sus edificios de tejas y ladrillos de color rosáceo anaranjado, como por la vida que inunda sus calles. A nosotros nos encantó y se hace evidente al recorrer esta ciudad la influencia del carácter latino en el ambiente vital de esta ciudad de 437.000 habitantes (cuarta ciudad de Francia) y 110.000 estudiantes.
El casco antiguo se puede visitar fácilmente caminando por sus callejuelas en momentos, por amplias y bellas avenidas en otros.



Nos dirigimos a la oficina de Turismo situada muy céntrica y al lado del Capitolio. Desde allí decidimos hacer nuestra visita , caminando por los puntos más destacados y emblemáticos de la ciudad.
Capitolio
Fue terminado en su forma actual en 1759, con un frente largo de más de 128 metros. Ocho columnas representan los ocho Capitouls (consejeros municipales) que gobernaban la ciudad desde el siglo XII. Hoy en día, el Capitolio es aún Ayuntamiento Toulouse.







En el interior bellos frescos y pinturas, mientras que en sus exteriores merece la pena observar y visitar su hermoso patio, la torre defensiva y antigua mazmorra que actualmente es la oficina de turismo y enfrente de la fachada principal una gran cruz Occitana, símbolo Occitania, de 18 metros.
Basílica de Saint Sernín
Basílica románica del siglo XI, un importante edificio religioso de estilo románico, importante parada del Camino de Santiago Tolosano y considerado uno de los símbolos más importantes de la ciudad.


Muy cerca se encuentran las orillas del río Garona y hasta allá que nos fuimos, a la zona entre el Puente de San Pierre y Puente Neuf.



Estando allí tirando unas fotos vimos surcar los aires uno de esos enormes aviones que se diseñan y desarrollan en Toulouse, ciudad que es centro europeo de investigación, desarrollo y fabricación de los aviones AIRBUS, cuyas instalaciones se pueden visitar.


Convento de los Jacobinos
Construido entre finales del siglo XIII y principios del XIV es un ejemplo del arte gótico. Nos pareció magnífico y uno de los monumentos a no perderse en Toulouse.




Sobrio en su exterior, brilla en el interior con una doble nave separada por columnas de 20 metros de altura, en las que destaca una extraordinaria bóveda de 22 metros y sobre todo una de estas columnas,de la que nacen 22 nervios que determinan que se la conozca como «La Palmera».
En el momento que nosotros hicimos la visita había unos espejos bajo esta columna que nos permitió tener una diferente y bella perspectiva de la misma y del resto del edificio.



Catedral de Saint Etienne
Curiosa catedral porque es el resultado de más de cinco siglos de construcción , del XIII al XVII y por la tanto la superposición de varios estilos arquitectónicos tanto en su exterior como en el interior de la misma, marcada por los dos edificios tan diferentes que dan forma a la estructura de esta Catedral de Saint Etienne.



Seguro nos dejamos cosas por ver, pero creo que cumplimos con una visita de mínimos por la ciudad de Toulouse.
Cumplido el recorrido por la ciudad Rosa, nos pusimos de nuevo en ruta para llegar al nuevo destino, Foix y su castillo.
FOIX
Llegamos a esa hora en la que todavía se está comiendo en cualquier restaurante español, no más allá de las 15:30 de la tarde, pero en Francia esa hora ya es casi la de la merienda y en varios lugares nos indicaron que ya no daban de comer.
Teníamos intención de comer la famosa Cassoulet y al final lo debimos hacer en un restaurante de mediana calidad.


Foix tiene un recorrido medianamente interesante por sus calles, sin ser nada sublime. Se constituye en todo momento y desde cualquier perspectiva como centro de interés, su castillo elevado sobre la población y que cuenta con tres torres construidas en diferentes épocas, siglos XII, XIV y XV.




Antes de llegar a Mirepoix pasamos por el lugar que teníamos reservado en Dominio du Marlas, una estupenda casa de campo con cuidada decoración que nos gustó mucho. Decidimos descansar un rato , con baño incluido en la piscina para una vez frescos ir a cenar y pasear por las calles de Mirepoix.
MIREPOIX
Fue uno de los lugares que nos gustó, porque sin estar incluido en ninguna clasificación destacada de todas las que se pueden encontrar en Francia, reúne belleza y características más que suficientes para estar en mi clasificación particular de «pueblos más bellos por los que yo he pasado».




Se trata de una población que tuvo su auge en la época de las cruzadas cátaras o albigenses y quizás en parte por esta evocación histórica, además de por sus hermosas calles de coloridas casas entramadas en madera, de los soportales y porches de la Plaza des Couverts.
Gran parte de estos soportales de madera son del siglo XIII al XV, se conservan de forma maravillosa y están tallados, destacando los de la famosa Casa de los Cónsules en las que se aprecian las tallas de cabezas humanas y de monstruos, en una viga de más de 12 metros de larga y 60 cm de ancha en las que hay 104 tallas.



Conserva un perfecto estado medieval, dicen que casi el del su origen, reconstrucción realizada en el siglo XIII, rodeada por murallas de piedra en la que destaca una puerta de entrada datada también en el siglo XIII.
Otro de sus edificios destacados es la catedral de San Maurice con una nave central muy ancha que le convierte en uno de las naves centrales más espaciosas de Europa. Es muy especial porque además está aún decorada con vivos colores en sus paredes y arcos.


Buscamos entre los muchos restaurantes que ofrece Mirepoix, uno con platos en sus cartas se adaptasen a nuestro especial gusto y nos decantamos por la terraza del Restaurante La Nina.
Cenamos un queso camembert directamente braseado, ensaladas y una gallete de lardons y champiñones. De postre una rica gateau de chocolate con nata y crema chantilly. Con esta rica cena culminamos otro excelente día por esta sorprendente tierra.