Día 2º de 4 días en coche conociendo la Provenza – Lubéron.
Gordes, Abadía de Senanque, Murs , Saint-Saturnin-lés-Ap, Rousillon y Village des Bories.
Segundo día viajero en la Provenza, y de nuevo un día en el que se pueden visitar varios pueblos provenzales muy interesantes y atractivos. Como en el primero de los días propuestos los kilómetros a realizar son poquitos pero intensos.
En esos 92 kilómetros de coche que proponemos se visitan dos de los pueblos más reconocidos e importantes del Lubéron, como son Gordes o Rousillon, además de Murs, Saint Saturnin, además de la Abadía de Senanque y Village des Bories de Gordes, que es una agrupación de chozas de piedra pertenecientes a antiguos agricultores de los siglos XVIII y XIX.
92 km
A.- B&B Clos la Romance. Cavaillon
B.- Gordes (19 km)
C.- Abadía de Senánque (5 km)
D.- Murs (9 km)
E.- Saint-Saturnin-Lés-Apt (16 km)
F.- Rousillon (10 km)
G.- Village des Bories (12 km)
H.- B&B Clos la Romance. Cavaillon (19 km)
GORDES
2.130 habitantes

A solo 19 km de Cavaillon, nos topamos con el primero de los pueblos que visitamos en este segundo día viajero recorriendo la Provenza, Gordes. Se encuentra clasificado como uno de los pueblos más bellos de Francia, clasificación que incluye a otros 6 pueblos de Vaucluse, muchos de ellos situados dentro del Parque Regional del Lubéron.
Gordes cumple a la perfección con la idealización de pueblo medieval fortificado, elevado sobre un promontorio rocoso, sobre cuyas laderas descienden sus casas y edificios, en este caso de piedra clara. En la parte más elevada de la población un Castillo y la Iglesia dan forma a esta imagen tan típica y repetida en numerosas poblaciones europeas.
A la llegada (o salida que todo depende por dónde se llegue o salga al pueblo) ofrece desde la misma carretera y en algunos de los miradores una de las vistas más fotografiadas de la Provenza.



Una vez en la zona céntrica del pueblo destacan varios elementos patrimoniales como es su Castillo del siglo XI, aunque fue reconstruido especialmente en el siglo XVI para dotarlo de su curioso aspecto actual. De planta estrecha y rectangular, permite apreciar la enorme diferencia entre dos de sus fachadas principales, una de ellas claramente identificable como la de un tradicional castillo con sus dos torreones, y la segunda fachada principal que se muestra a imagen y semejanza un palacio renacentista.







El otro gran atractivo de la ciudad es la iglesia de Saint Firmin. Tiene orígenes románicos aunque fue renovada en el siglo XVIII.


Por último es necesario pasear por algunas de las empinadas y empedradas calles del pueblo, llamadas Calades por los vecinos de Gordes. Son calles empedradas con fuertes pendientes, rodeadas de casas y edificios llenos de encanto. Algunas de ellas son la Rue des Tanneurs, la Rue des Tracappelles , la Rue Porte de Savoie o Rue du Belvedére que también ofrecen vistas del precioso Valle del río Calavon.














Pero otro de los símbolos del pueblo, es la Plaza de Genty Pantaly, en la que se ubica la entrada al Castillo. En medio de la Plaza una preciosa fuente. Alrededor numerosos cafés, restaurantes y tiendas.
Esta plaza y en la terraza uno de sus cafés se desarrolla parte de la historia de la película de Ridley Scott, Ruseel Crow y Marion Cotillard, «A good Year», » Un Buen año» en román paladino. Pasear por la plaza, la fuente permite al visitante imbuirse en el ambiente provenzal y romántico de la película!









ABADÍA DE SÉNANQUE
La abadía de Sénanque ejemplo de arquitectura cisterciense, fundada en el siglo XII y todavía habitada por los monjes de esa comunidad y es en la actualidad uno de los grandes atractivos de la Provenza.
Si en nuestro imaginario visualizamos los idílicos campos de lavanda provenzales, convertidos en postales, la Abadía de Sénanque y los campos de lavanda que se encuentran enfrente de la fachada principal de la Abadía son uno de los puntos más fotografiados y reconocidos en la región.
El solo hecho de llegar hasta la Abadía, estacionar el coche y pasear alrededor de la misma, merece sobradamente la pena. También existe la opción de visita del interior de la Abadía, iglesia y Claustro cosa que nosotros no hicimos nos conformándonos con el paseo de exteriores. Disfrutando mucho del mismo a pesar de que en el momento que nosotros visitamos ya finales de agosto, los campos de lavanda no nos quisieron regalar su aspecto colorido propio de la Provenza.













MURS
424 habitantes
Nos ponemos de nuevo en ruta, para hacer un breve recorrido de solo 9 km que nos lleva al pequeño pueblo de Murs. El encantador pueblo de Murs, de nuevo es una población en tiempos fortificada, se ubica encaramada sobre los Montes de Vaucluse a 800 metros sobre el nivel del mar.
El recorrido en Murs se pude hacer de forma muy breve, siendo aconsejable visitar al menos los exteriores de su magnífico castillo del siglo XII / XVI, de carácter privado y del que solo se puede ver el exterior y sus muros de protección.
Murs también tiene bellos rincones y antiguas residencias como la de un famoso compañero del Rey Enrique IV, Crillon le Brave.
El otro monumento destacado es su iglesia románica de Saint-Loup, en la que destaca en el interior su tesoro, vigilado por un águila bicéfala. Y por último en el ayuntamiento exponen un tríptico de Saint Gens pintado por Paul Vaysson.
También es interesante el conocido como el «Muro de la peste», un muro de piedra seca de 25 km de largo que se construyó en el año 1721 para proteger al Condado de una epidemia de peste que llegó a Marsella en uno de los barcos que llegaron a su puerto.









SAINT- SATURNIN-LÉS-APT
2832 habitantes
16 kilómetros en coche que se convierten después de tanto caminar en 20 minutos de descanso, relax y aire acondicionado,nos llevan hasta Saint Saturnin, ubicado en la ladera sur de los Monts de Vaucluse a una altitud de 400 m, formando parte del Parque Natural Regional de Lubéron.
Construido como casi todo el resto de poblaciones que que merecen la pena ser visitadas en el Lubéron sobre un elevamiento rocoso, ofrece un panorama excepcional sobre el Luberon, los Alpilles y los Monts de Vaucluse.
Pueblo muy interesante, con una zona urbana en la que destacan algunas calles, edificios burgueses y rincones muy agradables. Es recomendable dar un paseo en primer lugar por la zona urbana con edificios de hermosas puertas como la de Ayguier, fuentes, lavaderos, el balcón sostenido por atlantes, la iglesia parroquial de Saint-Etienne o sus dos molinos de viento del siglo XVII.






















Después de este paseo urbano es más que recomendable subir en dirección al castillo del Siglo XI. En su entorno se desarrolló un asentamiento actualmente abandonado y en ruinas, conservándose una zona de puertas, murallas del mismo. En la parte más elevada encontramos las ruinas del castillo y la imponente Capilla del siglo XI además de una presa de agua construida en el siglo XIX.






ROUSSILLON
1305 habitantes

Roussillon se encuentra incluido en la clasificación de los pueblos más bonitos de Francia y una visita obligada en cualquier ruta por la Provenza. Destino muy visitado y turístico pero no deja de ser una de las visitas imprescindibles.
El pueblo guarda un encanto especial, no tanto por su papel histórico como por su situación en el corazón de uno de los depósitos de ocre más grandes del mundo, que determina el color de su casas, edificios e iglesias.
Es famoso por sus espectaculares acantilados rojos y canteras de ocre, que inundan el paisaje con tonos rojos, amarillos y marrones formando un contraste llamativo con el verde de los bosques que rodean el pueblo. Uno de los recorridos que se pueden hacer es es el llamado «Sendero de los Ocres» con dos posibles duraciones de 30 o 60 minutos discurriendo por las zonas más atractivas de cortados en los que se puede disfrutar de la diversidad de colores creados por el ocre al mezclarse con las arenas las laderas montañosas. En estas zonas el resultado del trabajo del agua, el hombre y la naturaleza es espectacular, pudiendo descubrir en las rocas y arcillas toda la paleta de colores imaginables
Nosotros ese día estábamos cansados y no decidimos hacer ese recorrido, disfrutando de las vistas iniciales del sendero, para después hacer un recorrido por la parte urbana de la población.





El pueblo tiene el encanto comentado, que se multiplica por 1000 , para los aficionados a la decoración, arte y pintura por las numerosos comercios que venden y comercializan, todos los colores imaginables que se obtienen de aquellas canteras de ocre. Una artista como es María José, disfrutó de manera enorme, deambulando y comprando por algunas de esas muchas tiendas.
Era nuestro primer viaje, después de la dura experiencia que tuvo en el año 2017 y una vez superada su enfermedad. En una de las tiendas el goce fue total y no hay más que observar su carita de felicidad.
Para este que escribe, también fue un momento de felicidad casi absoluta. El observar dibujada en su cara esa sonrisa, después de difícil experiencia vivida en el 2017, volver a ver esa vida en su cara, ver esa sonrisa, ese brillo en los ojos, fue algo impagable. Posiblemente fue el mejor momento, no solo de este viaje de 2018 porque no tengo duda de que este ha sido el momento más hermoso de cualquiera de nuestros viajes juntos.

Con lo explicado es comprensible que Roussillon haya sido durante décadas el reclamo de cientos de artistas que han encontrado la inspiración en aquel paisaje tan peculiar.
Roussillon no es pueblo en el que se hayan desarrollado importantes hechos históricos, pero si tiene el encanto, la antigüedad que refleja de manera humilde su arquitectura, reflejo de recuerdos de siglos pasados.
Es un lugar que transmite autenticidad, belleza procedente de los diferentes óxidos en las arenas de ocre que se combinan en innumerables tonalidades. Los colores brillan en el campo, en las casas viejas, en una pinturas sobre las puertas de las casas, como algún que otro trampantojo pintado sobre puertas de las casas, o en las paredes de las mismas.


El pueblo ofrece muchos rincones, miradores, que debemos recorrer sin prisa como por ejemplo por varias plazas y plazuelas como son Place du Pasquier, Place de l’Abbé-Avon, Place de la Mairie justo en el centro de la ciudad y llena de preciosas casas del siglo XVIII. , Place de la Forge y Place de la Poste.
En siglos pasados fue un pueblo fortificado al que se accedía por una puerta coronada por un campanario, que fue renovado en el siglo XIX. Esta puerta daba acceso al antiguo Castrum, en el que hubo un castillo y en el que desde cuya cima, la leyenda de la Dama de Sermonde cuenta como que Lady Sermonde se lanzó al vacío, una vez descubrió que le habían dado a comer el corazón de su amante secreto.
El principal edificio religiosos del pueblo es la Iglesia de San Miguel cuyos orígenes se remontan al siglo XI, aunque ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de su amplia historia.
















Como detalle curioso y divertido, nos encontramos durante la visita a un conocido actor español, Raúl Arévalo. En un momento de la visita, me comenta María José que creía haber visto un actor español. No se si os pasa también a vosotros, pero suele ser habitual en los viajes, encontrarnos con caras y rostros que se nos hacen conocidos, por lo que en principio no le presté mucha atención.
Pero en un momento dado, me dice…»mira está ahí» y una vez me fije, descubrí que llevaba toda la razón del mundo. Era Rául Arévalo, cuyos orígenes familiares son también segovianos, de Martín Muñoz de las Posadas.
No suele ser en mi vida cotidiana habitual eso de encontrarme con un famoso, y si alguna vez me ha ocurrido (pocas pero alguna otra vez ha ocurrido en España) nunca he molestado al personaje de turno. Pero en esta ocasiónal encontrarme en un lugar medianamente remoto y alejado de Segovia, por la simpatía y buen rollo que me trasmite Raúl a través de su películas, decidí preguntarle si podíamos hacernos una foto con él.
Todo amabilidad y buen rollo (no deja de ser una pesadilla que te vayan asaltando cada dos por tres), nos saludo, charlamos un par de minutos, nos preguntó de donde éramos y nos echamos una foto. Buen tipo.

VILLAGE DES BORIES
Village des Bories es un museo al aire libre compuesto por una agrupación de antiguas cabañas y construcciones de piedra. Estas construcciones datan de la edad de Bronce, pero fueron reconstruidas en diferentes momentos de la historia, estando ocupadas hasta el Siglo XIX.
Son edificaciones construidas con piedra seca, apilando la misma y sin ningún tipo de mortero. Fueron edificadas para diferentes y variados usos, que van de desde viviendas, graneros, hornos de pan, establos, etc.
Resulta una interesante visita si os encontráis por la zona. Hay que pagar unos pocos, no muchos, euros para acceder al recinto.








