Ruta desde desde El Calafate a El Chalten.
Hotel Campo la Leona, El Chalten, Cerro Fitz Roy y y pequeños recorridos en el Chalten.
No madrugamos demasiado y perdimos el desayuno del hotel, pero lo compensamos con un sabroso chocolate en la tienda Laguna Negra acompañado de ricas medias lunas.
Compramos unos chocolates, dimos un garbeo por El Chalten y alguna de sus zonas comerciales poniéndonos on the road a eso de las 11:30 a.m
Tuve dudas al respecto de la determinación de la ruta adecuada para este día porque la intención era ir hasta El Chalten, pero entendía que no debíamos quedar a dormir allí y mucho menos volver al El Calafate, para evitar un ya de por si excesivo kilometraje previsto para el día siguiente.
Así que una vez analizadas y estudiadas las diferentes opciones me pareció lo más adecuado desplazarnos desde El Calafate hasta el lugar donde pernoctaríamos , El Hotel Campo de La Leona.
322 km
Hotel Campo La Leona (106 km)
El Chaltén (109 km)
Hotel Campo La Leona (75,4 km)
Dejaríamos los equipajes al pasar por el Hotel parador Campo de la Leona y nos iríamos hasta El Chalten, para volver por la tarde noche sobre la misma ruta a nuestro lugar de descanso nocturno
El trayecto hasta la primera parada en el Hotel Campo de La Leona, se caracteriza por unas buenas y cuidadas carreteras, con poco tráfico y por ser una zona áspera y desértica pero que transmite, como todo en esta zona de Argentina, una sensación de inmensidad absoluta.
La combinación de desierto y las aguas turquesas del Lago Argentino de origen glaciar, así como los ríos que por allí discurren hacen que este trayecto otorgue algunas panorámicas de extraordinaria belleza. Hicimos varias paradas para disfrutar del paisaje y llegamos al Hotel Campo Leona sobre las 13:30.





Hotel Campo La Leona
El cartel de la ruta anuncia que estamos ante un sitio histórico: “Parador y Hotel de Campo La Leona, Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia de Santa Cruz”.
A 110 kilómetros de El Calafate, sobre la ruta nacional Nº 40, a orillas del río La Leona y a metros del lago Viedma, exactamente a mitad de camino entre El Calafate y El Chaltén, se encuentra el parador y hotel de campo La Leona.
Construido en 1894 por una familia de inmigrantes daneses ha acogido a importantes personajes que pasaron por aquellas latitudes.
Es famoso porque allí se alojaron entre otros de Butch Cassidy y Sundance Kid, a quienes también acompañaba la esposa de este último, Ethel Place. Luego de robar el Banco de Londres y Tarapacá en Río Gallegos, pararon en este hostal antes de su huida hacia Chile.
Posteriormente se convirtió en base de operaciones para escaladores que se aventuraban con los ascensos a los cerros Torre, Fitz Roy, Saint-Exupery, como así también a los hielos continentales.
Actualmente es un agradable hotel de 4 habitaciones con una cuidada y limpia cafetería donde paran turistas y líneas de ruta de autobuses. Hicimos los trámites del hotel , dejamos equipajes y nos pusimos de nuevo en ruta rumbo a El Chaltén.
Esta vez sería un nuevo y espectacular lago , el Viedma el que pone las notas de color en este trayecto, camino a la cordillera y montañas que dan cobijo a la pequeña población de El Chalten.
Dicho sea de paso cuenta con el Glaciar más grande de todos los que acoge el Parque Nacional de los Glaciares.





Una vez dejamos la visión del espectacular Lago y su gran glaciar, nuestro sentidos pusieron toda la atención en la majestuosidad de la cordillera, del mítico y místico Fitz Roy, que por algún momento nos dejó ver sus dos picos entre las nubes circundantes.
Generalmente están tapados y pudimos antes de llegar intuir su forma, puesto que ya en El Chaltén nos fue imposible verlo limpio de nubes.
Bautizado como “capital nacional del trekking”, por los distintos senderos que nacen de sus propias calles es un muy pequeño pueblo con no más de 1.000 habitantes pero que multiplica su población de noviembre a mayo.
Los alrededores de El Chaltén combinan la magia de los glaciares cercanos, lagunas escondidas, el celeste lago Viedma y la mística presencia del cerro Fitz Roy.
Desde el pueblo puede observarse su cima inconfundible e imponente, que se encuentra casi siempre cubierta por una nube que los tehuelches confundieron con humo, error que dio origen al nombre aborigen del cerro: “chaltén” significa “volcán” o “montaña que humea” y que a nosotros nos impidió ver el cerro , aunque en algún momento tuvimos la sensación de que se despejaría de forma total, cuestión que no llego a ocurrir.




Paramos en la entrada de la población y nos informamos en el centro de visitantes del Parque Nacional de algunos pequeños recorridos que podríamos realizar en el poco tiempo disponible del que contábamos ,ya que eran las 15:30 horas.
La realidad es que disponíamos de toda la tarde libre para impregnarnos de aquella maravilla de entorno , montañas y ríos. Hay múltiples y variadas opciones pero muchas de ellas requieren más tiempo del que nosotros disponíamos.
Es un querer y no poder aprovechar todas las opciones, pero se debe ser consciente de la imposibilidad de verlo todo cuando se recorre el sur de Argentina en solo 12 días. Decidimos hacer dos cortitas caminatas acercándonos al Chorrillo del Salto y al Mirador Los Cóndores y Las Águilas.
La primera muy sencilla porque solo hay cuatro kilómetros desde El Chaltén y se puede hacer una gran parte de la misma en vehículo por una pista de ripio que lleva hasta un estacionamiento desde el que hay que caminar no más de 15 minutos para llegar hasta esta cascada de 20 metros de altura que llaman Chorrillo del Salto.


El segundo mini trekking que hicimos fue subir hasta el Mirador de Los Cóndores y Las Águilas. Lleva algo menos de una hora subir hasta este mirador desde el que pudimos apreciar unas vistas del pueblo, el horizonte, los picos y glaciares de la zona. Muy recomendable.






Una vez descendimos desde el Mirador, nos fuimos a tomar unas cervezas artesanales en la terraza y a pleno sol , de uno de los variados restaurantes – casas de té de la población. En este caso se llamaba Mathilda

Compramos unos panes y queso en un supermercado local para que fuera nuestra cena, y nos pusimos en camino de vuelta a nuestro alojamiento en Hotel La Leona.
Lo haríamos con calma y parando a nuestro antojo cuando las vistas lo requerían. No nos acercamos a la base del Glaciar Viedma, ni pudimos navegar pero desde la distancia se puede percibir la inmensidad de este bloque glaciar.



En el último tramo nos acompañó la lluvia, este fenómeno metereológico que marcaría nuestro viaje previsto para el día siguiente, día en el que entraríamos en contacto con largos tramos de ripio de la ruta 40.



